sábado, 12 de enero de 2008

Publicado por Jesus_Sanchez_Jurado @ 14:32


Fe es un tema muy amplio, demasiado para lo que puedo abarcar y para lo que me propongo en este artículo: explicar un tanto someramente cómo funciona en nuestra vida cotidiana a través de la exposición de sus primeras cualidades. Porque, siendo la fuerza innata por la que nos movemos, necesariamente debe hacerse notar en todo cuanto requiere de su despliegue, desde el latir del corazón a todo acto que hacemos a lo largo del día, lo cual se va comprendiendo mejor en la medida en que se va entendiendo sus cualidades.

Estas cualidades son resolución, decisión, fuerza, poder, protección y voluntad. Las tres primeras se refieren a cómo se hace cada acción de la vida cotidiana; las siguientes, al conjunto de la vida, teniendo que ver, por lo tanto, con el conjunto de todos los esfuerzos hechos u omitidos en las acciones particulares.

En este artículo solo nos vamos a detener en la exposición del primer grupo; en primer lugar, porque se pueden exponer la una como la continuación de la anterior en lo que hace a la realización de una acción; porque son la base de todo el sistema de creencias religiosas y éticas (no importa cuáles sean) que cada sujeto puedas adoptar y prestan testimonios acerca de si las vive de una forma honesta o desviada; y tercero (por no exponer más razones, que las habría, si fueran necesarias) porque clarifican muchos malentendidos, por no decir desvirtuaciones, en la interpretación de algunos textos sagrados.

Resolución, o mirando por partes la acción
Cuando nos enfrentamos con una dificultad en la vida, ¿qué debemos hacer? Podemos recordar cuando estábamos en clase de matemáticas (¡cuánto tienen que enseñarnos!) y nos ponían un problema, ¿qué hacíamos? Lo primero era descomponer el problema en sus factores; paralelamente, debemos mirar las partes que lo componen, meditando y reflexionando sobre las mismas con vistas a la acción a emprender.

Parece cosa sencilla, pero no lo es. Hay que analizar todos los factores implícitos, reflexionando y meditando, es decir, empleando todos los recursos de nuestra razón, a fin de conocer lo que hay detrás de la acción, sus causas, lo bueno y lo malo que produce para nosotros y para otros, la satisfacción que se busca, el sentimiento que se pone… En definitiva, se trata de comprobar cómo nos influye la acción, si estamos en equilibrio o en desequilibrio.

Decisión, o ponerse en movimiento
Una vez comprobado el estado de equilibrio o desequilibrio en que nos hallamos y la acción que vamos a emprender, debemos ponernos en movimiento, decidiendo qué vamos a hacer. ¿Mantendremos el estado actual de desequilibrio, o lo corregiremos, equilibrándolo o manteniendo el equilibrio?

Si antes la razón fue nuestra herramienta principal, ahora lo será la conciencia, pues habremos de consultar nuestras “tablas de la verdad” y decidir si obraremos en consonancia con ella o no.

Así le damos una dirección consciente a nuestro actuar, una meta, según la progresión de la razón consciente que hayamos alcanzado.
Si volvemos al ejemplo de las matemáticas, una vez descompuesto el problema en sus factores, toca –según la razón matemática que hayamos desarrollado- plantear el problema, es decir, decidir qué fórmula vamos a aplicar para obtener su solución.

Fuerza, o la presión resistida en pos de la meta
Fuerza es la presión que se es capaz de resistir para emprender resolución y decisión y llevar a cabo la acción. La presión nos viene tanto de nuestro propio interior (por ejemplo, el gusto por la satisfacción que nos dan otras cosas) como del exterior (por ejemplo, las expectativas que los demás tienen sobre qué haremos); y la fuerza la obtenemos de la moral (la firmeza de nuestras convicciones más profundas) y de la polarización (podríamos decir, los puntos de apoyo e impulso de que nos dotemos en la acción).

En el párrafo anterior hay mucho expuesto; debiera tratarse más detenidamente cada una de las cosas enunciadas: las formas de presión y su mecanismo, la moral y la polarización consciente y su mecanismo. Y queda mucho por decir sobre fuerza en sí y sobre las cualidades que también tiene, así como sobre todo lo anterior.

Pero creo que es conveniente pararse a reflexionar sobre algunas frases mal entendidas, deformadas o desvirtuadas, como que la fe es “creer sin ver”. En si, es cierto: quien tiene fe, como hemos visto con las cualidades ya expuestas, cree que la acción que va a emprender dará sus frutos antes de verlos, porque la fe le dará la fuerza necesaria para lograrlos. Pero en modo alguno significa un estado de credibilidad en lo que se nos diga, en modo alguno entrega el conocimiento de la verdad a otros, quedándose para si su seguimiento sin ningún tipo de críticas. Esa actitud dio en su momento lugar a que se afirmase que el conocimiento es el enemigo de la fe. Al contrario, quien tiene fe, tiene que comprometerse con el ejercicio de su razón y con el respeto de su conciencia, afirma su verdad y actúa de una manera consecuente para su manifestación.

Otra frase que puede ser mejor entendida es “cosas mayores que estas podréis hacer vosotros”, a las que los partidarios del “creer sin ver” crédulo intentan desvirtuar, ya que, en la medida que nuestra fe se va desarrollando, somos cada vez capaces de cosas mayores, porque aumenta nuestra resolución de la dificultad a superar, nuestra decisión para hacerlo y nuestra fuerza para llevarlas a cabo, por seguir sin tratar las otras cualidades de fe.

En la medida en que vamos comprendiendo qué es fe, con todas las cosas que conlleva, vamos viendo cómo necesariamente ocupa un lugar central en nuestras vidas, porque forma parte de la herencia divina que recibimos, la cual estaba formada por fe, esperanza y caridad; fuerza, sabiduría y amor. En el próximo artículo veremos en qué consiste Esperanza.

Tags: la fe, herencia divina

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