domingo, 30 de diciembre de 2007

En la vida de Wangari Maathai todo parece ir unido: su amor por los árboles, la idea de hacer de ellos la solución para los problemas alimenticios de su pueblo, la dffensa a ultranza de sus ideas...Su modelo es hoy día necesario, dada la escasez de árboles que se nos viene encima con el cambio climático. Muhcas mujeres (y hombres) deberían seguir su modelo y plantar árboles, muchos árboles.

Wangari Maathai es una de esasgrandes mujeres que los medios de comunicación nos presentan como si fueranexcepcionales, cuando, si hay algún motivo para que se les pueda aplicar eseadjetivo, es porque la mayoría permanece en el anonimato. Como cualquier otramujer keniata, su destino parecía ser convertirse en esposa y madre y trabajarla tierra, pero el azar o la mano de Dios puso en sus manos una oportunidad;del resto se ocuparía ella.

Nacida en la, por entonces,colonia británica de Kenia, el día 1 de abril de 1940, según cuenta en subiografía, hija de un hombre con cuatro esposas, de la tribu de los kikuyu,cerca del kilimanjaro, cuya majestuosa presencia se impone sobre el paisajeafricano.

Recuerda con mucho cariño a sumadre, con la que –dice- siempre estaba conversando. Su madre trabajaba latierra, como solían hacer muchas mujeres africanas, y ella la acompañaba ycharlaba con ella mientras trabajaba; y, durante una de esas salidas, fue sumadre quien la animó a sembrar por primera vez, una experiencia que se le quedóprofundamente grabada para toda su vida.

Comenzó a ir a la escuela,primero una pequeña de thithe, luego laintermedia de Santa Cecilia y finalmente al instituto, en las afueras deNairobi. Sus estudios coincidieron con las revueltas armadas de Kenia, que laobligaron a ella y a su familia a vivir durante 7 años en un poblado deemergencia.

Pero el destino se ocupó de darlela oportunidad de poner en sus manos una beca para estudiantes africanos, en1960, que la llevó a los EE.UU., donde descubrió, en Kansas, su pasión por labiología. Cuando se licenció y estaba a punto de terminar un master, lallamaron de Kenia, ya independiente, para que regresase, y regresó convenida deque podía hacer lo que quisiese.

El día 6 de enero del año 1966,Wangari pisaba de nuevo su tierra natal y se dirigió al Departamento deBiología de la Universidad,donde le habían ofrecido un puesto de trabajo; pero se encontró con que yahabía alguien, un hombre, ocupándolo. Así descubrió que para que realmentepudiera hacer todo cuanto se propusiera sólo había dos inconvenientes: que eranegra y mujer.

Encontró trabajo en elDepartamento de Veterinaria y comenzó su batalla, porque las mujeres cobrabanmenos que los hombres por un mismo trabajo, consiguiendo, no sin grandesesfuerzos, la equiparación de sueldos.

Con motivos de su trabajo,regresó a su región de origen, donde se encontró con un paisaje bien distintoal de su infancia: una gran parte de la superficie que antes ocupaban losárboles, estaba ahora ocupada por plantaciones de café y de té; y las vacas, elprincipal ganado de la región, estaban flacas y la gente tenía un aspectodesnutrido… Y entonces tuvo la idea que le proporcionaría un Premio Nobel:plantar árboles, recordando aquella primera vez junto a su madre, porqueproporcionarían forraje para el ganado y madera para que las mujeres pudieran cocinar.

Así fue como Wangari fundó elmovimiento Cinturón Verde. Los primeros árboles se plantaron en 1977, pero elproyecto tardó algunos años en arrancar, porque el gobierno lo boicoteó porqueWangari denunció el reparto del territorio nacional que estaba haciendo elpresidente, quien de inmediato prohibió sus reuniones e impidió que Wangarivolviese a la Universidad,además de mandarla detener y encarcelar en distintas ocasiones, bajo acusaciónde sedición y traición, también recibió varias amenazas de muerte y se quemaronlos árboles que su Movimiento había plantado…

Su esposo, al que había conocidoen Nairobi recién regresada de los EE.UU. se divorció de ella, acusándola deque, además de que era una adúltera, era más exitosa que él, más fuerte, másobstinada, más instruida y más difícil de manejar.

Por entonces, le pidieron queentrase en política y que aplicase lo que llevaba años poniendo en práctica conel Movimiento Cinturón Verde, que se movilizaba plantando árboles cada vez queun terreno público corría el riesgo de ser privatizado. Cuando se presentó alas elecciones por segunda vez, en 2002, consiguió escaño, justo después de queel presidente Mol dijese en público que “las mujeres tenéis el cerebro tanpequeño que no sois capaces de conseguir lo que deberíais”; y poco despuésrecibió la comunicación de que había recibido el Nobel de la Paz, lo que celebró de lamejor manera que conocía: plantando un árbol.

Hoy, Wangari y su MovimientoCinturón Verde llevan plantados más de 30 millones de árboles.

(Publicado originalmente en la página web de Piura , Perú: http://www.piuravirtual.com/noticias/articulo.php?t=606&f=2007-05-07
el 07/05/2007)

Tags: WANGARI MATHAI, árboles

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